Reuniones. Una…dos…tres…cuatro…cinco, y unas cuantas más. Se acercaba el 10 de Enero, fecha en que la que se realizaría la 5ta Fiesta del Tomate Platense. Los preparativos eran muchos, las ganas y el esfuerzo también. Había que mantener el espíritu local y popular; características de este tradicional evento que promociona el desarrollo productivo del tomate platense. Pero también tenía que haber algo novedoso para seducir así, a los nuevos visitantes. Se propusieron entonces muchas ideas: originales, previsibles, realizables y hasta muy descabelladas. Una cuota de humor siempre era necesaria en las reuniones de equipo. Entre la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP, el INTA y el Grupo de Productores del Tomate Platense, se dividieron las tareas a realizar y se asignaron responsables por áreas para una mayor practicidad, aunque lógicamente se aceptaba la ayuda y la crítica de los demás.
Los días pasaban, las reuniones se sumaban, las actividades se multiplicaban, junto con las expectativas de todos. Las horas del día anterior parecían correr más deprisa y una nube cargada de lluvia estremeció a muchos, por la posible suspensión de la fiesta. El tiempo ayudó y con la salida del sol, llegó el alivio. Finalizada gran parte de las tareas, solo quedaba esperar el día siguiente. Algunos cuando llegaron a sus casas se durmieron al instante, exhaustos y otros, quedaron desvelados.
Y así llegó el 10 de enero. Con un sol radiante que rajaba el extenso predio de la Experimental Hirschhorn, en Los Hornos. Los más madrugadores fueron algunas parejas mayores, que se acercaban tímidamente preguntando si habían llegado muy temprano. Llevaban gorritos en la cabeza, folletos en una mano, y la canasta con el equipo de mate en la otra. Algunos miraban los árboles en búsqueda de un lugar con sombra, y otros preferían ya empezar a recorrer los distintos sectores de la fiesta. Muchos coincidían en que ya conocían al tomate platense, aquel que les hace recordar sus viejas épocas y al que lo distinguen por su forma irregular y por su intenso sabor.
Desde la mañana, el locutor continuamente invitaba a la gente a realizar las distintas actividades del evento. En el Cine, se emitían los videos de las fiestas anteriores y cortos sobre otras hortalizas típicas locales, realizados por alumnos de la facultad de Bellas Artes.
En la Muestra de herramientas, ubicada a la entrada de la Experimental en 66 y 167, la gente podía conocer los implementos utilizados antiguamente en la producción hortícola local. Y si de aprender se trataba, un área nueva fue creada para ello, la Escuelita. Las mujeres fueron las que más se entusiasmaron con aprender recetas para cocinar con tomate. Resolvían sus dudas, y aportaban sus “secretos”. Enseñar a embalar tomate, también fue la otra gran atracción. Y además, tres productoras del GTP (Grupo del Tomate Platense) explicaban a la gente como hacer semillas de tomate platense para su reproducción. La degustación, como todos los años, atrajo a muchos visitantes que se veían tentados a demostrar su capacidad para distinguir los tomates híbridos del viejo tomate platense.
En el Almacén de campo, microemprendedores ofrecían variados productos artesanales. Las personas podían recorrer los puestos en donde se vendían licores, quesos, objetos de mimbre y madera, hasta indumentaria.
A lo largo del día, se fueron desarrollando variados espectáculos, con la idea de que hubiera para todas las edades y gustos. Los más chicos se entretuvieron con Eduardo, el titiritero, que había preparado una función relacionada con la ecología. Los aficionados de la música podían escuchar en vivo a un grupo folcklórico santiagueño, acompañar los covers de una banda de rock de jóvenes o bailar ritmos más pegadizos como la salsa o el merengue con la ayuda de dos profesores de una academia de baile.
En los puestos de venta, la gente podía comprar el objeto más deseado de la fiesta y sus derivados, como la salsa y el dulce de tomate. Y muchos optaron por tener la experiencia de cosecharlo de la propia planta en la Muestra viva, donde estaban plantadas distintas poblaciones de tomates que pertenecieron a familias de inmigrantes que se instalaron en la zona a principios del siglo XX. A su vez, representantes del INTA contaban a la gente de que se trató la Investigación – Acción Participativa (IAP), una propuesta que consistió en investigar el tomate platense, de forma conjunta intercambiando saberes entre la experiencia de los productores y el conocimiento científico de los técnicos.
En el hall central, las paredes estaban empapeladas con posters, afiches, fotos, remeras y cartillas. La información que se brindaba pertenecía al stand del Proyecto para el Rescate y la Difusión del Tomate Platense, un proyecto de extensión de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales que apunta a revalorizar su cultivo como producto cultural de la región y promover la conservación localizada de tomate platense. Allí fue presentado en sociedad “Tom”, un equipo que permite el secado al sol de los tomates platenses. Esta máquina fue impulsada en el marco del proyecto y creada por un grupo de docentes e investigadores de Bellas Artes.
Mientras que la gente podía disfrutar a lo largo de toda la jornada el área de Hidroponía (cultivo en agua), y el patio de comidas al aire libre, solamente a media tarde se podía jugar en la kermesse. Personas de todas las edades se divertían cortando florones al medio y se quedaban observando a los participantes para conocer al gran ganador. El juego que consistía en flechar un tomate en el blanco, no resultó tarea fácil, por lo que se dieron muchas oportunidades a los participantes. Además, en la kermesse, los más chicos no se quedaron afuera y buscaron por todo el predio las pistas de la Búsqueda del tomate.
Y llegando al final de la fiesta, se desarrolló la elección de la 2da Reina del Tomate Platense. Esta vez el jurado decidió que sean dos las reinas, una pelirroja natural (Ailén Cacaccio) y una pelirroja que se tiñó el pelo exclusivamente para esta ocasión (Juana Camilleti). La otra novedad fue la elección del 1er Rey del Tomate Platense, un joven de 13 años llamado Nicolás Cacaccio.













